Aracena, ciudad de las maravillas

Aracena bien merece un pedazo de vida y si me apuran, la vida entera. Cuando era bastante joven, tuve la suerte de visitarla en varias ocasiones. Tenía un pub, El imperdible, templo de la modernidad, en una calle empedrada cuya pendiente nos llevaba al castillo, era una vieja casa encalada, de una sola planta, con una puerta de cristales que servía para amortiguar el sonido.
En su interior no había muebles, unos cubos se amontonaban según el día de una manera u otra. Al fondo una barra de madera donde Ramiro servía y Joaquín nos ponía lo mejor de la música de la época: Ramones, Rolling Stones (ellos siempre presentes, en cualquier época), Psychedelics Furs…
Son algunos de los grupos que siempre asocio a aquellos días, pero eran muchos más, allí podías escuchar y bailar con lo mejor. Un puntero láser, entonces no eran fáciles de conseguir, se multiplicaba gracias a cristalitos situados estratégicamente por todo el local. El público asiduo, era todavía mejor, parecía que acababan de llegar desde lo mejor de la movida. Recuerdo enfrente un pequeño local de futbolines.
La noche se juntaba con el día y el día con otro día. El pub un día se derrumbó y una época también terminó. Nos dejó un montón de recuerdos increíbles, con el calor de su feria o la blancura de sus nieves. Podría acabar diciendo que eran cosas de la edad y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sin embargo cada vez que he vuelto en años siguientes, se ha producido el milagro, de una manera u otra.
Puede que sea el magnetismo de la gruta, hasta aquí llega uno de los vértices del triángulo de los Templarios. Algo hay, perdura con el tiempo y espero que así continué, para disfrute de aquellos que dejan aquí un pedazo o la vida entera. @juanduqueoliva

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